Los conflictos de un científico III
Ha habido un momento en el que, leyendo vuestros pensamientos reflejados en las últimas entradas en el blog, me he sentido verdaderamente extraviado, perdido y desorientado. He llegado a pensar si estábamos hablando del mismo tema. Y he llegado a un convencimiento que, si fuese inexacto, espero y deseo me saquéis pronto de mi duda: pienso que estamos hablando de la eutanasia desde ópticas muy diferentes y empleando herramientas también muy distintas. Me explico. Vosotros, Luis y José María, creo que andáis enredados en buscar algún tipo de justificación al hecho. Apeláis a razones y razonamientos de todo tipo, eruditos como sois del saber filosófico (causáis en mí en efecto de admiración profunda), camináis de un lado hacia otro en tratando de hallar en el ethos un atisbo de luz que permita ver la justificación de algo que creo estáis convencidos que debe ser.
Pero os olvidáis de la vida.
Yo, ahora, volviendo a aquel ser solo, sigo diciendo que los grandes problemas del hombre son los problemas que le relacionan con la vida, es decir, los problemas del hombre-vida.
En tu entrada, Luis, hablas de mi relativismo durkheimiano (“Nada nos pertenece como algo propio”). No creo haber dicho yo semejante aseveración. En todo caso, he podido escribir de forma no correctamente la idea. Pretendí decir que “cada uno de los humanos se comporta como un ser solitario lleno de ideas cuando toma una decisión”. También dije que “mientras exista el milagro, nada nos pertenecerá como propio”. En medio de la frase habían otras palabras que podían permitir una lectura diferente. Lo aclaro ahora.
Entiendo que la ética puede tener una dimensión personal (aunque exista una ética social), pero la moral siempre pertenecerá a un ámbito colectivo, ejercido individual o colectivamente, en el que las creencias, sobre todo en lo que se refiere a la trascendencia futura de la vida, a lo que yo vengo llamando el binomio vida-muerte frente a la simple idea de la vida (más bella y comprometida, más personal y libre).
Morir no puede ser una decisión ligera y frívola basada entera y únicamente en la propiedad de cada persona sobre su vida porque uno pertenece a una estirpe o raza biológica, la raza humana, y es transmisor de sus secretos biológicos bien guardados durante milenios. Eso que llamamos el genoma humano es el material mejor conservado biológicamente de cuantos nos podamos imaginar. Pero, de la misma forma que digo esto, también asevero que vivir no puede transformarse en algo insoportable o inapropiado a la condición humana.
Insisto, la eutanasia no es, ni debería ser tratado, como un problema de ethos ni de moral, sino de condición, de condición humana.
Por eso he dicho antes que no hay que olvidarse de la vida.
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